Prólogo de “Ayer La Lluvia” (por Déborah Eguren)

Ayer La Lluvia Emilio perez miguel deborah eguren

Un libro sobre diversas formas de amor.

Así es como Emilio Pérez Miguel presenta “Ayer La Lluvia”, el tercer libro que publica, y su primera obra en prosa.
Todas las facetas que puede asumir el amor discurren y se deslían a lo largo de once micro-cuentos y una novela corta en la cual hay alegría efímera, tristeza que se esconde tarde y una vida que no se resigna a esperar.

El primer texto es “Hemisferios”. El mismo lidia con el amor que conduce a la muerte. El último es “Cuando Estabas Ahí”, una novela corta que se enfoca en la muerte que conduce al amor. Y entre esos dos extremos, nosotros, los lectores somos testigos de variadas e imaginables manifestaciones de afecto.

Hay fuego que es lluvia por no poder consumirse y lluvia que surge de miradas en suspenso (“Uniformes”). Y hay silencios que no siempre son piadosos, silencios que caen como sangre en las paredes (“Tu Silencio También Habla De Vos”) y silencios que conducen a catedrales de amargura (“Había Una Fiesta En El Balcón De Al Lado”).

Los fantasmas “de quienes nunca murieron” pululan en historias como “Sobrecompensaciones” y “Si lo Dijiste Borracha, lo Pensaste Sobria”. Y la existencia de quienes han desaparecido logra perfilarse como más cargada de cercanías que la de aquellos que siguen de pie ante nosotros (“Asesinos”).

A veces, amar a las cosas es más fácil que amar a las personas.

“Este no es mi Piano” y “Palabras de Mares” contemplan dicha actitud. Ambos textos analizan el amor por la música y el amor por la literatura. Así, el concepto que subyace en ambos casos es el de sustitución: cómo a veces nos aferramos al arte para llenar vacíos que de otros modos nos impelerían a una desintegración plena.

“Locos” es quizá el intervalo más radical del libro. Retoma una de las líneas centrales de “Ten” (libro en inglés publicado por el autor en 2010): los efectos del odio ya no en quienes lo reciben, sino en quienes lo dan, y la sombra que este derrama sobre valores humanos básicos como la dignidad y el respeto.

Por el contrario, “Andrea” es un texto colmado de gracia y vulnerabilidad.
Trata sobre el amor ideal y fue escrito en circunstancias muy especiales, justo antes de que “Ayer La Lluvia” entrara a imprenta.(El borrador que Emilio nos dio a todos los que participamos en la presentación de este libro tenía una hoja en blanco; era la hoja que esperaba al micro-cuento “Andrea” hoy instalado en ese espacio de la obra).
Espero que un día Emilio cuente la historia, quizás en alguna presentación o entrevista.
Solo a él le corresponde hablar al respecto.
Yo ya la sé. Todo lo que puedo decir es que es tan emocionante como lo sugiere el texto en sí mismo.

Esto es lo que propone la primera parte del libro: son once micro-cuentos que Emilio escribió inspirado en diversas personas que formaron parte de su vida en años decisivos.

Ahora bien, la novela corta plantea un cambio de dinámica. “Cuando Estabas Ahí” cuenta la historia de cuatro personas buenas que eran incapaces de hacer el bien hasta que se conocieron y se complementaron.

Es un texto esencialmente autobiográfico que abarca el último año de la carrera de Traductorado Público (el mismo período cubierto por “Ten”) siendo las vivencias de los protagonistas un fiel trasunto de las del autor en aquel tiempo.

En realidad, los personajes no son buenos o malos. Los personajes son buenos y malos.
Ellos mismos son sus mayores antagonistas. La incapacidad para lidiar con sus propios sentimientos los empuja a situaciones adversas. Son cuatro individuos que deben aprender a recorrer la distancia entre quienes son y quienes anhelan ser, para finalmente alcanzar la armonía. Ese es el conflicto que define a esta novela corta. Y ese es el conflicto básico de la obra de Emilio, por la sencilla razón de que es la pugna que signó su vida.

Lo anunciaba en “Once”, su primer libro de poemas (2009), con sus estructuras simétricas y los “dos unos” que recorrían el libro.
Una vez el autor me explicó que las personas siempre tienen dos facetas: la que es absolutamente privada e íntima y la que ofrecen a los demás. Y entonces, subrayó que muchas veces las complicaciones en la vida surgen porque le entregamos a los demás aquello que debemos guardar para nosotros, y nos quedamos con aquello que debemos compartir. Extraña paradoja existencial que suele acompañarnos.

Esa es la lección que han aprendido los personajes al término de “Cuando Estabas Ahí”.
Quién da algo que debe ser compartido, recibe algo equivalente. Es así que surgen las emociones que se alimentan recíprocamente, para luego crecer en forma independiente hasta que se reencuentran para unirse de manera definitiva.

El amor tiene muchas facetas. La que logramos ver es el resultado del lugar que elegimos ocupar.
En el transcurso de “Ayer La Lluvia” aparecen casi todas ellas.
El amor es entrega, y sacrificio.
Es piedad, y venganza.
Es un color que no se puede pintar,  y todos los matices de la verdad juntos.
Es sueños encadenados, y tiempos libres.
Es gritar lo que queremos decir, y meditar lo que los demás callan.
Y es triste.
El amor es un poco triste.
Pero por sobre todas las cosas, el amor es real.
Y en un mundo de mentiras, entre tantas pérdidas y angustias, entre tantos olvidos y ausencias, es lo único que nos puede llegar a ofrecer la esperanza de una vida mejor.

Déborah Eguren