ANDREA

andrea ayer la lluvia

 ANDREA

Te conocí en aquel abril, cuando las puertas eran rituales, y la lluvia pedía respuestas. Yo no podía hablar porque ya no tenía voz, y (en cualquier caso) alguien se había llevado las palabras.
Y vos me la devolviste, como quien le da vida a una memoria en una comunión de silencios.

Andrea. Así te llamabas. Me enseñaste a soñar con esa palabra, a pensar en ella cada vez que el día no llegaba. Y podía perderme en los ojos de otra espera, o en las manos de otra vida. Y al final, tu nombre siempre me permitía acertar el camino.

En su momento, te quise lo suficiente. Pero no supe quererte demasiado. No tuve el valor para poder creer en la importancia de las cosas que se alimentan recíprocamente, para luego crecer por separado hasta que se vuelven a juntar para siempre.

Dicen que la nostalgia es algo curioso. Dicen que nos hace desear cosas que realmente no queremos tener.
Es mentira. Recuerdo nuestros viajes juntos a La Pedrera, y daría lo que fuera por tenerlos una vez más. Por verte al lado de ese mar abierto, y sentir que el mundo cobraba impulso.

Los dos primeros libros que publiqué eran para vos. Omití las dedicatorias. Después me sentí como si hubiera tratado de tapar el sol con la mano. No lo había logrado. Lo único que había hecho era restringir mi visión.
Siempre escribí historias sobre vos, y sobre mí. Pero nunca usé tu nombre. Y yo directamente no figuraba en ellas.

No te dije que te quería a tiempo.
Pero ahora te lo digo para siempre.
Quiero creer que ambas cosas se compensan.
Pero sé que no.

Muchas veces, las personas no tenemos lo que queremos.
Simplemente, tenemos lo que nos merecemos.
Y yo me merezco esto.
Tenerte, y no tenerte.

Voy a buscarte la próxima vez que vaya a La Pedrera.
Sé que hay lugares donde quedó la marca de tu sonrisa.
Quizá pueda abrazar tu voz una vez más.
Quizá vea tu sueño reflejado en el mar, como si fuera una ventana que da al mañana.
Una parte de mí quiere creerlo, aún cuando sé perfectamente bien cual es la verdad.
Voy a tenerte, y no tenerte.

Esa parte de mí que te tenga, va a ser la más feliz del mundo, aunque sea solo por el instante que dure tu recuerdo.

Y esa parte que no te tenga, podrá ser la más importante de la historia de otra persona, de alguien que sepa sonreír con su mirada, que se sorprenda y me sorprenda cada vez que le diga que nunca es tarde para querernos como si fuera la primera vez.

NOTAS:

* “Ayer La Lluvia” trata sobre diversas clases de afecto; cada texto se enfoca en un arquetipo del amor distinto. Siempre quise escribir un micro-cuento que tratara sobre el amor ideal, y tenía claro sobre quién iba a tratar. Pero no había logrado hacerlo cuando llegó la hora de entregarle el manuscrito a la editora Carmen Galusso para su corrección y diagramado.
Por alguna razón, dejé una hoja en blanco en ese manuscrito. Era la hoja 12. Ahí tenía que estar el micro-cuento sobre el amor ideal.

Esa versión de “Ayer La Lluvia” es también la que se llevaron las personas involucradas en la presentación del libro.
Imprimí cinco en total.

*No sé cuánto hay para comentar sobre un texto que dice tanto de por sí.
Me han dicho que es el cuento más inspirado del libro.
Me han señalado que si en “Ayer La Lluvia” existe un momento en el cual quedé en la presencia de Dios (o de aquello que motiva mi fe), es éste.
La gran mayoría lo califica como “confesión”.
Yo lo califico como el refugio a una intemperie que se alimentaba a sí misma.

En mi mente, el libro había quedado completo el día que terminé “Cuando Estabas Ahí”. En mi corazón, “Andrea” fue el texto que perfeccionó el libro.

Lo escribí el martes 2 de abril.
Era de noche.
Veía lo que podía, no lo que quería…

Si la situación fuera plasmada en un tema, básicamente sería éste:

“Echo”, de Tom Petty

 

andrea ayer la lluvia 2

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